Estas
oscilaciones génicas afectan al metabolismo celular, que no es el mismo en
todos los momentos del día
La biología y genética moleculares han
demostrado fehacientemente que la naturaleza y la función de cada una de las
células de nuestro cuerpo depende de los genes que tienen funcionando. Hoy,
nadie informado discute que, aunque una neurona y una célula del hígado poseen
el mismo genoma, son células muy distintas debido a que tienen un diferente
conjunto de genes funcionando. La “personalidad” de cada célula, y la función
que desempeña, dependen, por consiguiente, de qué genes se han puesto en
funcionamiento a lo largo de su desarrollo desde la célula inicial de la que
deriva todo el organismo.
Siendo esto así, otros estudios han demostrado
que la “personalidad” de una misma clase de células no se mantiene constante a
lo largo del día. Sí, como lo lee. Una neurona o una célula de la piel no es la
misma célula por la mañana y por la noche, porque en ambos momentos del día no
tiene el mismo conjunto de genes funcionando. Resulta que muchos genes se ponen
en marcha o se apagan en distintos momentos del día, siguiendo los conocidos
ritmos circadianos.
Los ritmos circadianos ajustan los procesos
fisiológicos en distintos momentos del día y están a su vez bajo el control de
la actividad de ciertos genes que generan mecanismos osciladores. Estos
mecanismos determinan el funcionamiento oscilante de los genes de manera particular
a cada célula. En otras palabras, no oscilan los mismos genes en un linfocito
que en una célula muscular.
Estas oscilaciones génicas afectan al
metabolismo celular, que tampoco es el mismo en todos los momentos del día.
Igualmente, el propio metabolismo afecta al mecanismo oscilador que controla el
funcionamiento de los genes. De esta forma, se establece una comunicación de
ida y vuelta entre el estado metabólico y los genes que están funcionado a lo
largo del día, de modo que las células se encuentran, en general, en óptimas
condiciones metabólicas en cada momento.
La vida de una célula no depende solo de sí
misma, sino también del entorno en el que se encuentra, el cual incluye a sus
células vecinas y a cualquier otro organismo con el que pueda interaccionar,
así como a la disponibilidad de nutrientes. Hace unos años, se descubrió que
las células de nuestro cuerpo no son las únicas que siguen ritmos circadianos.
Las bacterias de la flora intestinal también están sometidas a estos ritmos.
En este caso, los ritmos conducen a
fluctuaciones en la composición de las especies bacterianas de la flora, así
como a su función. Las fluctuaciones están influidas por los momentos en los
que disponen de alimentos, es decir, el horario de nuestra propia alimentación,
que es también la suya, así como por la composición de dicha alimentación
(proteínas, azúcares, fibra, etc.).
Un reloj bacteriano
Estudios posteriores demostraron que los
ritmos circadianos de las bacterias de la flora intestinal afectan a los ritmos
circadianos de los diferentes órganos. Además, fallos en el control y la
adecuada interacción entre los ritmos circadianos de la flora intestinal y del
organismo que la hospeda puede conducir a la obesidad o al síndrome metabólico,
una condición en la que se puede generar diabetes de tipo 2 y enfermedad
cardiovascular. A pesar de estos impresionantes descubrimientos, que aumentan
la importancia de la flora para nuestra salud, los mecanismos por los que los
ritmos circadianos de la flora y del organismo hospedador se coordinan eran
desconocidos.
Investigadores
del Instituto Weizmann, en Israel, realizan ahora un estudio en el que exploran
en profundidad qué cambios tienen lugar en la flora intestinal a lo largo del
día y qué factores son los más importantes en los mismos. Estos estudios nos
revelan una vez más hechos sorprendentes. En primer lugar, los investigadores descubren
que las bacterias cambian de posición de manera cíclica lo largo del día sobre
la superficie del intestino, como si realizaran un baile sobre dicha superficie,
baile que repiten todos los días con sus noches. De esta manera, las células de
la superficie de nuestros intestinos no están expuestas a las mismas especies
de bacterias a lo largo de todo el día, sino a diferentes especies en
diferentes momentos. Por otra parte, el estado metabólico de las bacterias
también fluctúa a lo largo del día, lo que conduce a que las células del
intestino estén expuestas a diferentes sustancias derivadas del metabolismo
bacteriano a medida que el día progresa.
En segundo
lugar, los estudios revelan que estas fluctuaciones bacterianas no solo afectan
al funcionamiento de genes de las células intestinales a lo largo del día, sino
también al funcionamiento de genes de otros órganos que no se encuentran en
contacto directo con la flora intestinal. En particular, los cambios afectan al
funcionamiento de los genes del hígado. Este funcionamiento cambia de manera
sincronizada con los cambios que se producen en el comportamiento de la flora
intestinal. Si la sincronización no se produce adecuadamente, se ve afectado el
funcionamiento de los genes de los que depende la función depuradora del
hígado, lo que puede, por ejemplo, influir en la eliminación de algunas
sustancias tóxicas ingeridas con la alimentación, o en el metabolismo de
ciertos fármacos, proceso en el que el hígado, en general, desempeña un papel
importante.
Por último,
los investigadores revelan que los ritmos circadianos del organismo son muy
dependientes de los ritmos circadianos de la flora intestinal. Cuando estos
ritmos son impedidos, por ejemplo, mediante tratamiento con antibióticos, los
ritmos circadianos normales del organismo son destruidos. Esto conduce a una
reprogramación masiva del funcionamiento de muchos genes a lo largo del día, salvo
unas pocas excepciones que dependen de manera autónoma del control de los genes
circadianos del hospedador.
En conclusión,
estos nuevos descubrimientos revelan que la interacción entre la flora
intestinal y las células de nuestro organismo es capital para mantener unos
correctos ritmos circadianos en el funcionamiento de los genes, lo que afecta a
la fisiología y el metabolismo en cada momento del día. Por ello, la flora
intestinal afecta más a nuestro bienestar de lo que se pensaba hasta ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario