-->
Los
mecanismos por los que el cerebro aprende a predecir lo que puede suceder han
sido objeto de intensa investigación durante décadas
El cerebro humano, y también el de muchos
otros animales, es la sede de capacidades extraordinarias que han surgido a lo
largo de la evolución en la dura pelea por la supervivencia. Una de estas
capacidades es la habilidad para predecir lo que con mayor o menor probabilidad
puede suceder en el futuro, atribuir un valor mayor o menor a ese suceso, y
tomar las decisiones más adecuadas ante la eventualidad de que el aún futuro
suceso se materialice en la realidad o no.
Los mecanismos por los que el cerebro aprende a
predecir lo que puede suceder han sido objeto de intensa investigación durante
décadas. La idea más plausible que se barajó inicialmente era que el cerebro
aprendía mediante el simple proceso de comparar lo que él predecía sobre la
realidad con lo que realmente la realidad le presentaba. Si la predicción sobre
un evento se cumplía, no hacía falta aprender nada, pero si la predicción era
errónea, era necesario aprender para ajustar mejor a la realidad la siguiente
predicción.
En efecto, en los años 90 del pasado siglo se
descubrió que el cerebro había adquirido durante la evolución un mecanismo para
llevar a cabo estas predicciones y ajustarlas a la realidad cuando era
necesario. El grupo de investigación dirigido por el Dr. Wolfram Schultz
confirmó que el mesencéfalo
de los primates respondía de una manera bastante sorprendente frente a las
recompensas dadas a los animales tras realizar ciertas tareas. Si los monos bajo
estudio eran recompensados de una forma superior a la que ellos esperaban, las
neuronas que, para comunicarse, fabrican y utilizan el neurotransmisor dopamina
(llamadas por ello dopaminérgicas, en adelante ND) se activaban con intensidad.
Si la recompensa era similar a la esperada por los animales, estas neuronas
mantenían una actividad en el rango normal. En cambio, si la recompensa era
menor que la esperada, las neuronas ND disminuían su activación por debajo de
lo normal.
Estos descubrimientos revelaron que la
actividad de las neuronas ND del mesencéfalo es una respuesta celular frente al
llamado error de predicción, es decir, la diferencia entre lo que se espera y
lo que realmente sucede. La pregunta que se hicieron los neurocientíficos
frente a estos datos fue ¿cómo hacen las neuronas ND para calcular el error de
predicción? ¿Cómo determinan el nivel de actividad sináptica que deben
desarrollar frente al valor de la diferencia entre lo esperado y la realidad?
Las investigaciones sobre este asunto
condujeron a la identificación de otro tipo de neuronas que también parecían
estar involucradas en esta tarea. Estas neuronas se comunican entre ellas con el
neurotransmisor llamado ácido gamma amino butírico, más conocido como GABA (del
inglés: Gamma Amino Butyric Acid), y se
sitúan también en el mesencéfalo, en otra región llamada área tegmental ventral.
Luz sobre las neuronas
Mediante técnicas de biología molecular, las
neuronas pueden ser genéticamente manipuladas para que produzcan ciertas proteínas
sensibles a luz láser de una frecuencia determinada. En esas condiciones, cuando
son estimuladas por esa luz, las neuronas se activan y, al dejar de ser
iluminadas, disminuyen su actividad. Esta nueva técnica, combinación de óptica
y genética, ha sido denominada optogenética, y proporciona una herramienta de
manipulación de la actividad neuronal muy potente, sin parangón con las
utilizadas hasta ahora.
La manipulación de la actividad de las
neuronas GABA mediante la optogenética produjo efectos muy curiosos. Cuando las
neuronas GABA eran activadas, la actividad de las neuronas ND frente a las
recompensas se modificó de manera dramática. Ahora, las neuronas ND no
aumentaban su actividad frente a una recompensa superior a la esperada. Inversamente,
si se inhibía la actividad de las neuronas GABA, las neuronas ND se activaban
por encima de lo normal frente a recompensas esperadas.
Estos y otros estudios revelaron que la
actividad de las neuronas GABA de alguna forma refleja el valor de la
recompensa esperada. Este valor es comunicado a las neuronas ND, las cuales
calculan el error de predicción y se activan de acuerdo con el valor estimado para
el mismo.
Si los monos en el laboratorio son entrenados
para esperar ciertas recompensas que siempre se producen, esto no es lo que
sucede en la realidad, la cual a veces puede regalarnos con lo esperado y
muchas más veces incomodarnos con lo inesperado. Cada suceso futuro tiene una
probabilidad mayor o menor de suceder. En otras palabras, la probabilidad de
que una cierta recompensa se produzca debe también ser evaluada a la hora de
tomar decisiones sobre si debemos intentar o no hacer los esfuerzos necesarios
para conseguirla.
Por esta razón, investigadores de la
Universidad de Cambridge han estudiado ahora si las neuronas ND pueden o no
evaluar también la probabilidad de que una determinada recompensa se produzca.
Para ello, de manera similar a la que hizo Pavlov con sus famosos perros, entrenaron
a monos a aprender que ciertas imágenes que eran presentadas como estímulos en
la pantalla de un ordenador eran recompensadas con la misma recompensa, pero en
frecuencias diferentes, por ejemplo, la recompensa se daba una de cada dos o
una de cada cuatro veces que la imagen se mostraba. Los monos tenían que
aprender a distinguir entre los estímulos de acuerdo con la probabilidad de
recibir la recompensa que cada estímulo representaba.
Los resultados de estos estudios demuestran
que las neuronas ND también participan en el aprendizaje de la probabilidad de
recibir o no una recompensa. La actividad de las neuronas ND de los monos
reflejó la probabilidad de recibir una recompensa asociada a cada imagen
mostrada. Cuando los monos fueron obligados a elegir entre dos imágenes para
obtener la recompensa, la actividad de las neuronas ND reflejaba la diferencia
entre las probabilidades de ambos estímulos para conseguir la recompensa
deseada.
Muchas personas deciden cada día qué hacer
para maximizar los beneficios de sus inversiones, para conseguir trabajo, para
vender más productos… Toda nuestra actividad económica, en el fondo, podría depender
del buen funcionamiento de nuestras neuronas ND. Algo sobre lo que reflexionar
en días de crisis. Al fin y al cabo, nosotros también somos primates.
Referencias: (1). Dopamine
neurons learn relative chosen value from probabilistic rewards Lak et al. eLife
2016;5:e18044. DOI: 10.7554/eLife.18044. (2). Neir Eshel (2016) Trial and error.
Science. 2 DECEMBER 2016 • VOL 354 ISSUE 6316,pp. 1108.
No hay comentarios:
Publicar un comentario