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| Ceropegia sandersonii |
Las
moscas se apoderan de parte de la comida duramente obtenida por las arañas con
su trabajo tejedor
Explorando cada semana el mundo de la ciencia
uno se encuentra con hechos sorprendentes, casi inimaginables. Así, me entero
leyendo una reciente publicación de la revista Current Biology, una de las más prestigiosas de esta área de la
ciencia, de que ciertas especies de moscas parecen vivir peligrosamente. El
peligro que corren puede ser incluso superior al de morir aplastadas por un
matamoscas, o al de perecer envenenadas por un spray de insecticida. Y es que
resulta que estas moscas se atreven a robar comida nada menos que a las arañas.
Así es, ciertas especies de moscas pertenecen
a la familia de insectos denominada cleptoparásitos. Como el prefijo “clepto”,
derivado del griego, indica, estas moscas roban. En este caso, las moscas se
apoderan de parte de la comida duramente obtenida por ciertas especies de
arañas con su trabajo tejedor de trampas mortales para insectos voladores.
Algunas especies de arañas se alimentan preferentemente
de abejas, por lo que tejen sus telas cerca de colmenas o lugares por donde
estas abundan. Cuando una abeja cae en la red de estas arañas, la pobre obrera,
inmovilizada y sin mucho que pueda hacer para salvar su vida, extrae el aguijón
y expulsa una gota de veneno. Algunos compuestos químicos de este veneno son
volátiles y atraen de manera poderosa a otras abejas que podrían acudir en su
ayuda. Sin embargo, estas sustancias atraen también potentemente a las moscas
cleptoparásitas. Estas no acuden para proporcionar un sabroso plato adicional a
las arañas, sino que, de manera muy hábil, son capaces de absorber parte de los
fluidos que rezuman de la abeja capturada, cuando esta comienza a ser digerida
por los líquidos enzimáticos regurgitados por la araña sobre su presa,
inmovilizada por la red y el veneno que la araña le ha inyectado.
Esta fascinante historia en la que las moscas se
aprovechan de las arañas, y no al revés, cuenta además con otro extraordinario personaje.
Se trata de plantas del género Ceropegia,
que dependen para su reproducción de la polinización efectuada por moscas de
especies cleptoparásitas. Estas plantas desarrollan flores bastante curiosas que
contienen una trampa temporal para las moscas atraídas por ellas. Una vez atrapadas
dentro de la flor, los insectos son retenidos en esta trampa y en sus intentos
por escapar se adhieren a ellos las llamadas polinia, las estructuras que
poseen el polen de estas flores. Cuando finalmente logran escapar, transportan
el polen a otras plantas por las que, de nuevo, las pobres moscas sienten una
irresistible atracción. De este modo, las moscas son utilizadas por las plantas
para asegurar su reproducción.
Podemos estar tentados a pensar que las moscas
son atraídas por estas flores de la manera habitual, gracias a sus brillantes
colores y a su perfume embriagador. Sin embargo, no olvidemos que estas moscas
no se alimentan de néctar, sino de abejas muertas medio digeridas por los
fluidos enzimáticos de las arañas que las han capturado. No es un panorama
demasiado poético.
Curiosos olores
Ante este estado de cosas, un grupo
internacional de investigadores se pregunta si las flores de las plantas Ceropegia no emitirán olores semejantes
a los que emiten las abejas cuando han sido capturadas en una tela de araña, en
particular, si no emitirán olores similares a los generados por los compuestos volátiles
presentes en el veneno que libera la abeja cuando está cerca de su muerte.
Los investigadores estaban interesados en
estudiar varios aspectos de este tema. En primer lugar, deseaban confirmar si
los insectos que visitan las flores de Ceropegia
son cleptoparásitos o si las flores reciben también visitas de otras clases de insectos.
En segundo lugar, deseaban comparar el olor de las flores de Ceropegia con el de los efluvios
emitidos por presas capturadas por las arañas. En tercer lugar, si los olores fueran
similares, deseaban identificar por métodos químicos los principales componentes
volátiles que pudieran atraer a los insectos. Por último, una vez identificados
estos componentes, la intención de los científicos era sintetizarlos o
aislarlos y probar su efecto para atraer a los insectos.
Los investigadores confirman que las especies
de moscas que más frecuentemente visitan las flores de Ceropegia son cleptoparásitas. En particular, son las hembras de
estos insectos, las cuales necesitan nutrientes sustraídos a las presas de las
arañas para la generación de huevos, las que más acuden a estas flores.
Los análisis de los compuestos volátiles
emitidos por las flores revelaron que estos eran similares a los liberados por
abejas europeas o sudafricanas cuando eran atacadas o atrapadas. Entre los múltiples
componentes volátiles emitidos por flores y abejas, los científicos
identificaron en concreto cuatro que, mezclados, fueron capaces de atraer poderosamente
a las moscas cleptoparásitas. Sorprendentemente, uno de estos compuestos es el
geraniol, un componente de los aceites esenciales de rosas y citronelas, de la
familia química de los alcoholes, y que también se encuentra en menor cantidad
en los geranios, de los que deriva su nombre.
Tenemos aquí otra fascinante historia de los
extraordinarios comportamientos que plantas y animales han desarrollado a lo
largo de su coevolución. Algunas especies de arañas han “aprendido” a fabricar
trampas para atrapar moscas y otros insectos; algunas especies de moscas han
aprendido a aprovecharse de parte de los nutrientes de las presas capturadas
por las arañas, y finalmente, algunas especies de plantas han aprendido a
engañar a las moscas haciéndoles creer que en sus flores se encuentra una sabrosa
comida y son así utilizadas como vehículos de su preciado polen que les
permitirá reproducirse. Ya lo dice el refrán: el que no corre, vuela.
Referencia: Heiduk et al., Ceropegia sandersonii Mimics
Attacked Honeybees to Attract Kleptoparasitic Flies for Pollination, Current
Biology (2016),
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