Es
probable que las propias bacterias sean en parte responsables de mantener la
integridad intestinal
La semana pasada hablábamos de nuevos
descubrimientos que apuntaban a la autoinmunidad como causa de la enfermedad de
la narcolepsia. La autoinmunidad es una pérdida de la tolerancia a lo propio,
es decir, a moléculas de nuestras propias células que, en un momento dado, por
diversas razones, son identificadas como extrañas, por lo que su presencia deja
de ser tolerada por el sistema inmune, que las ataca. Sin embargo, nuestras
células no son las únicas interesadas en ser toleradas por el sistema inmune.
Como sabemos, nuestros intestinos están
poblados por cientos de especies bacterianas que viven en simbiosis con
nosotros. Estas bacterias pueblan un entorno de ensueño para ellas, ya que
viven en un lugar donde la temperatura es paradisiaca, y donde, cada pocas
horas, “llueve” un abundante maná de alimentos y líquidos nutritivos.
Estas bacterias nos ayudan a digerir
determinados alimentos y producen algunas vitaminas que son importantes para
nosotros, pero siguen siendo bacterias y, si son identificadas por el sistema
inmune, serán atacadas. Por esta razón, las bacterias intestinales, durante su
evolución con nosotros, han debido desarrollar estrategias moleculares para
aumentar la tolerancia del sistema inmune y evitar así que este las ataque.
Esta tolerancia es fundamental para nuestra
salud. La identificación de las bacterias intestinales como extrañas y la
activación subsiguiente del sistema inmune, puede conducir a la enfermedad inflamatoria
intestinal, una enfermedad crónica caracterizada por una inadecuada respuesta
del sistema inmune frente a la flora intestinal, enfermedad que acaba por dañar
la integridad del intestino. Es probable que las propias bacterias sean en
parte responsables de mantener la integridad intestinal para evitar que el
sistema inmune pueda atacarlas.
En efecto, se han identificado especies
bacterianas que participan en mantener los niveles adecuados de tolerancia no
solo frente a ellas, sino frente a otras especies de bacterias. Una de estas
especies es Enterococcus faecium, una
bacteria que ha sido incluso usada como agente probiótico, es decir, como un microrganismo
que promueve la salud.
Aunque parece clara la capacidad de E. faecium para atenuar la
susceptibilidad a bacterias intestinales patógenas, como Salmonella, causante de la salmonelosis, lo que no era conocido
hasta ahora era por qué mecanismos moleculares E. faecium puede atenuar la actividad patógena de otras bacterias
menos amigables que ella. El descubrimiento de estos mecanismos tal vez pudiera
conducir a la identificación de nuevas moléculas que podrían ser utilizadas
para tratar las enfermedades intestinales causadas por bacterias.
Manteniendo la integridad
Para intentar averiguar estos mecanismos, un
grupo de investigadores de la Universidad de Rockefeller, en Nueva York,
realizan una serie de experimentos. En primer lugar, dejan que E. faecium colonice el intestino de
algunos gusanos de laboratorio C. elegans.
Una vez producida la colonización, infectan con Salmonella a estos gusanos y a otros que no han sido colonizados
con E. faecium, o que lo han sido con
una bacteria no probiótica, y estudian su supervivencia. Los científicos
comprueban que los gusanos cuyos intestinos han sido colonizados por E. faecium, y solo estos, sobreviven
mejor a la infección con Salmonella.
La protección que ofrece E. faecium frente a Salmonella
podría ser debida simplemente a que, en presencia de esta bacteria, Salmonella no podría establecerse en el
intestino de estos gusanos, tal vez por falta de sitio, al estar este ocupado
por E. faecium. Por esta razón, los
investigadores estudian si la infección con Salmonella
conduce o no a la implantación de esta bacteria en el intestino de los gusanos.
Los estudios que realizan confirman que tanto si el intestino está colonizado
por E. faecium como si no, Salmonella se implanta de manera similar
en el intestino de los gusanos, por lo que E.
faecium debe proteger frente a esta infección por procesos que no impiden que
Salmonella se implante en el
intestino.
¿Protege E.
faecium solo frente a Salmonella
o también frente a otras especies de bacterias patógenas? En otros estudios,
los científicos demuestran que el papel protector de E. faecium se extiende también a otras especies de bacterias. Esto
sugería que tal vez E. faecium
produjera una sustancia con capacidad protectora frente a numerosas bacterias.
En otra serie de experimentos, los investigadores identifican una sustancia liberada
al exterior por E. faecium. Esta
sustancia pertenece a la familia de los péptidoglicanos, que son combinaciones
de cortas cadenas de aminoácidos y azúcares, muy comunes en la pared de las
bacterias.
Los investigadores son capaces de aislar y
purificar esta sustancia y tratar con ella a los gusanos de laboratorio infectados
con Salmonella para estudiar sus
capacidades protectoras frente a la infección. Comprueban así que esta
sustancia protege frente a la infección con Salmonella
y lo hace mediante su capacidad de mantener la integridad de la barrera
epitelial del intestino, lo que impide a Salmonella
penetrar al interior del organismo y ser detectada por el sistema inmune. Por
último, los investigadores comprueban que esta sustancia también es capaz de
proteger a ratones de laboratorio frente a la infección intestinal de Salmonella.
Estos estudios indican que algunas bacterias
han aprendido a convivir con nosotros ayudando a mantener intacta la barrera
intestinal que las separa del resto del organismo y, en particular, del sistema
inmune que puede atacarlas. Las sustancias que producen para este fin podrán
tal vez ser utilizadas para tratar enfermedades intestinales relacionadas con
la pérdida de integridad del epitelio intestinal que conduce a la activación
del sistema inmune.
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