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martes, 19 de junio de 2001

Biotecnología contra la mentira


Si hay algo con lo que tenemos que tratar cada día durante nuestra vida es con la mentira. La capacidad de mentir podría ser innata en nuestra especie. Niños de muy temprana edad aprenden por sí mismos a engañar a sus padres y, si lo consiguen, disfrutan enormemente con ello. Estudios psicológicos indican que los mejores mentirosos parecen poseer cierta ventaja para convertirse en líderes y políticos. No hay duda: la mentira nos rodea, y forma parte de nuestro entramado social. Puede ser incluso necesaria para que la sociedad funcione adecuadamente.
La capacidad para mentir podría poseer una base genética. Al fin y al cabo, no solo el ser humano es capaz de mentir. Los animales también lo hacen. Desde que el primer mamífero “aprendió” a erizar sus pelos para parecer mayor frente a un enemigo, o el macho “aprendió” a encandilar a la hembra con sus bonitas plumas, colores, u otras artimañas, la mentira adquirió un valor de supervivencia y, por consiguiente, los mejores mentirosos fueron seleccionados durante la evolución de las especies.
Como todo avance evolutivo, la mentira sufrió también un proceso de contraataque durante la evolución. Este proceso se evidencia fácilmente en la relación predador-presa. El predador atrapa a las presas menos rápidas, por lo que ejerce una selección sobre las más rápidas, que sobrevivirán. De no evolucionar a su vez, pronto el predador correrá menos que sus presas y morirá de hambre. Por tanto, los predadores más rápidos cazan mejor y sobreviven y se reproducen en mayor número que los más lentos. En todo proceso evolutivo sucede, pues, un proceso similar a la carrera de armamentos. En el caso de la mentira, los animales más capaces de descubrir que les estaban mintiendo eran también los que mejor podrían sobrevivir a los abusos de los mentirosos. A pocos nos quedan dudas de que si en nuestra vida social pudiéramos siempre descubrir cuándo nos están mintiendo o diciendo la verdad tendríamos una considerable ventaja frente a los demás. “¿Me quieres cariño? Como nunca he querido a nadie, amor mío (Miente. Quería más a su primer y quinto novios –piensa el duodécimo novio. ¿Debo seguir con ella o no?).
El novelista estadounidense James L. Halperin, en su obra “The Truth Machine” (La Máquina de la Verdad, la cual no sé si está traducida al español) describe un mundo futuro en el que se ha inventado una máquina capaz de detectar las mentiras con una fiabilidad absoluta. Este avance tecnológico modifica la sociedad de forma radical. Para empezar, conduce al paro a todos los abogados, jueces y demás profesionales de la justicia, necesarios solo cuando la mentira es posible. La criminalidad disminuye de forma radical, los políticos deben ser gente honesta, en fin, el mundo se pone cabeza abajo.
¿Es posible semejante máquina? Mucho me temo que la respuesta a esta pregunta es afirmativa. Si muchos están horrorizados por el poder de la genómica y los cambios sociales y problemas éticos que plantea, los problemas que la tecnología del escrutinio mental, todavía en pañales, planteará serán aun mayores. Y es que la Humanidad dispone ya de tecnología capaz de leer el pensamiento, aunque por el momento no sea más que de forma rudimentaria.
Más o menos, todos estamos familiarizados con las máquinas y el suero de la verdad. Las hemos visto en películas de espías. El famoso polígrafo, la primera máquina de la verdad, que registra una serie de parámetros fisiológicos, como la presión sanguínea, sudoración, respiración, etc. que pueden modificarse cuando un individuo miente, tiene ya más de 80 años. Les juro que no miento. Esta máquina, y sucesivos perfeccionamientos de la misma, es aún utilizada por la policía y por agencias gubernamentales, como CIA o FBI, que deben contratar a individuos “fiables”. Sin embargo, se puede engañar a esta máquina y a quien la maneja con una frecuencia relativamente elevada.
Han aparecido nuevas tecnologías para detectar la mentira. Algunas de ellas están basadas en el análisis del lenguaje corporal, que puede traicionar al mentiroso o en el análisis de la voz. Se ha descubierto que al mentir, el aumento de estrés produce unas vibraciones de las cuerdas vocales inaudibles para el ser humano, pero que pueden ser fácilmente detectadas por una máquina. La presencia de estas vibraciones es indicativa de que el individuo posiblemente miente.
Basado en este hecho fisiológico, un programa de ordenador, Truster, que cualquiera puede comprar por el módico precio de unas 35.000 pesetas, realiza un sofisticado análisis de la frecuencia vocal del sujeto y decide si miente o no. Este programa fue utilizado para analizar el último debate presidencial entre George W. Bush y Al Gore. El programa detectó 23 posibles mentiras por parte de Gore y 57 por parte de Bush. Ya sabemos quién ganó. Este programa, sin embargo, dista mucho de ser infalible. El presidente saliente, Bill Clinton, logró engañarle cuando declaró que no había tenido relaciones sexuales con Monica Lewinsky.

Todas estas tecnologías quedarán obsoletas rápidamente frente a lo que se avecina. El avance en el campo de las ciencias cognitivas, cuyo propósito ha sido puramente científico y médico, ha puesto, sin embargo, a disposición de los interesados máquinas muy sofisticadas que permiten observar el cerebro en funcionamiento. De una de esas máquinas ya hablé hace unos meses en esta sección en mi artículo titulado “de ruidos en la mente a la imagen del recuerdo”. Por lo que sé, existen cuatro tecnologías diferentes capaces de hurgar en nuestro cerebro sin tocarlo. Descubrimientos recientes sobre las zonas cerebrales que se ponen en funcionamiento al experimentar emociones, como alegría, ira, o incluso amor u odio, permiten un estudio mucho más profundo de las emociones que experimenta el cerebro del posible mentiroso. Si la tecnología sigue avanzando de la manera en que lo hace, es posible que las predicciones del señor Halperin sean sobrepasadas y dentro de solo unas décadas, una compañía comercialice una máquina de la verdad, de bolsillo y a pilas, con la que, sin siquiera tocar a nuestro interlocutor, podamos analizar en tiempo real si nos está mintiendo o no. Adiós a los debates electorales para siempre. Sin duda, el mundo no será el mismo.

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