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martes, 27 de marzo de 2001

La primavera, la alergia altera



La alteración de la “sangre” de la que suele acusarse a la primavera no sólo sucede incrementando sanas y divertidas pasiones. Es también real en el caso de individuos alérgicos al polen, ya que son ciertas células de la sangre, en particular ciertos linfocitos, los responsables de las alergias.
Este año, no tenemos buenas noticias para los alérgicos al polen. Las abundantes lluvias del invierno darán su fruto en una excelente floración y, por tanto, en una excesiva producción de polen. En nuestra región, son las gramíneas las plantas que producen mayor cantidad de polen inductor de alergias. Tan solo cincuenta granos de polen por metro cúbico de aire son suficientes para inducir una crisis alérgica en individuos sensibles. Cuando sabemos que cada flor produce millones de estos granos, no es de extrañar que todos los alérgicos sufran las consecuencias. Estas pueden ser leves, como rinitis o conjuntivitis, o graves, como ataques de asma que pueden acabar incluso con la vida del afectado.
¿Cómo y por qué existen las alergias y por qué unos son alérgicos y otros no? ¿Por qué el polen es un potente inductor de alergias? Intentaremos dar una respuesta simple a estas preguntas para que aquellos a quienes por estas fechas estornuden más de lo habitual, les gotee la nariz, les piquen los ojos, o, más grave, sufran dificultades respiratorias, tengan una idea de lo que sucede en sus cuerpos.
Las alergias son una respuesta excesiva de nuestro sistema inmune a un agente externo que es identificado como perjudicial, pero que en realidad no lo es. La puesta en marcha de los mecanismos de defensa para evitar la penetración en el organismo de un supuesto patógeno son los que acaban haciéndonos daño a nosotros mismos. Es como un ataque amigo que acaba con algunas de nuestras tropas por error, puesto que en realidad, no hay enemigo.
El sistema inmune es un complejo ejército celular. Como todos los ejércitos, está jerárquicamente organizado y posee determinadas células que cumplen determinadas misiones. También cuenta con moléculas que sirven de elementos de comunicación entre las células de mando y el frente de batalla o de armas especializadas para controlar ataques de diferentes microorganismos.
Los comandos y armas del sistema inmune que ponen en marcha las reacciones alérgicas son los especializados en la lucha antiparasitaria. Los parásitos son, y han sido a lo largo de la evolución, elementos siempre presentes y contra los cuales los organismos han luchado constantemente. Así lo demuestra la secuencia del genoma humano, que posee restos de muchos parásitos moleculares, los virus, que han acabado por integrarse en ella.
Puesto que los parásitos suelen colarse en nuestro cuerpo por sus superficies, es decir, por todos aquellas partes que estén en contacto con el medio exterior, el sistema inmune ha desarrollado un sistema de vigilancia constituido por células que se sitúan en esos puntos estratégicos, como la piel, el intestino o las vías respiratorias. Estas células son los mastocitos, y están ya armadas con unas moléculas determinadas, que son unos anticuerpos de una clase concreta, llamada IgE. Según los genes de cada cuál, unos individuos producen más IgEs que otros, lo que los prepara mejor para la lucha antiparasitaria, pero los hace más susceptibles a las alergias.
Los anticuerpos IgE son las moléculas encargadas de detectar al enemigo. Están ya unidos a la superficie de los mastocitos y, en caso de detectar la presencia de lo que creen es un intruso, envían una señal al interior de estas células. Esta señal pone en marcha los mecanismos de defensa de los mastocitos, principalmente la liberación de los contenidos de sus vesículas, las cuales poseen ciertas sustancias químicas, entre las que se encuentran las histaminas. Por eso los antihistamínicos ayudan a controlar la reacción alérgica.
Estas sustancias cumplen dos funciones. En primer lugar, ponen en marcha mecanismos destinados a expulsar el supuesto parásito. Esto depende de por donde el supuesto parásito haya entrado. Así, podemos sufrir vómitos si somos alérgicos a ciertos alimentos, o estornudar y aumentar la secreción de moco si el parásito entra por las vías respiratorias.
La segunda función que cumplen esas sustancias es la de enviar un mensaje a otras células del sistema inmune para reclutar refuerzos. Estas sustancias atraen al lugar de entrada del intruso otras células, especializadas también en la lucha antiparasitaria. El resultado de todo esto es una inflamación, debido al reclutamiento de células y líquido al lugar de contacto con el intruso, y la liberación de sustancias destinadas a acabar con él, que también pueden dañar a nuestros propios tejidos y células.
En la reacción alérgica, el sistema inmune de algunos individuos confunde al polen u otras sustancias con un parásito y reacciona en consecuencia. La razón de por qué el polen induce alergias es que posee moléculas similares a las que los parásitos utilizan para invadir nuestros organismos, que en los individuos sensibles ponen en marcha la reacción de defensa que conduce a la alergia.
Las alergias son un mal que puede ir en aumento en los próximos años. Por ejemplo, en nuestro país vecino, Francia, el barbecho, obligado por las normativas de la política agrícola común, ha permitido la existencia de tierras sin cultivar que permiten el crecimiento de plantas, como la Ambrosía, cuyo polen produce alergias extremadamente graves. En este caso, sólo cinco granos de polen por metro cúbico de aire pueden desencadenar una crisis seria de asma en los individuos sensibles. Por si fuera poco, sus flores producen miles de millones de granos de polen.
El desarrollo de las alergias parece también aumentar con la edad, por lo que el envejecimiento de la población en años venideros y la expansión de plagas vegetales de difícil erradicación agudizarán esta situación. Afortunadamente, existen ya medios para cuidar esta aflicción y, además, es seguro que los avances realizados gracias a la investigación sobre el funcionamiento y la modulación del sistema inmune pondrán a disposición de todos nuevos medicamentos que aliviarán, o incluso harán desaparecer este problema.

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