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Los linfocitos
T y B no circulan en la sangre en los mismos números de día o de noche
Como sabemos, los procesos celulares y
orgánicos que nos mantienen vivos son, en su mayoría, inconscientes. Muchos de
estos procesos están, como también lo están los procesos conscientes, bajo el
control del sistema nervioso. En el caso de los procesos inconscientes, una
parte del sistema nervioso que resulta fundamental para controlarlos es el
llamado sistema nervioso adrenérgico.
Las neuronas del sistema nervioso adrenérgico se
comunican entre sí y con células de otros órganos mediante dos
neurotransmisores principales: la conocida adrenalina (que también funciona
como una hormona) y la noradrenalina, dos moléculas químicamente muy relacionadas
(para quien quiera saberlo, solo se diferencian en la presencia de un grupo
metilo, -CH3, unido al único átomo de nitrógeno presente en ambas
moléculas). Ambas moléculas derivan de uno de los aminoácidos de las proteínas
(la fenilalanina), el cual debemos ingerir con los alimentos, puesto que no
podemos fabricarlo en nuestro metabolismo.
El sistema nervioso adrenérgico forma parte
del sistema nervioso simpático, el cual controla procesos como la frecuencia
cardiaca o la contracción de los músculos lisos que rodean los vasos
sanguíneos, lo que afecta a la presión de la sangre. Este sistema es igualmente
el responsable de la respuesta de lucha o huida frente al peligro.
Por supuesto, existen también otros procesos
bien conocidos que funcionan de manera inconsciente, como la digestión, la
expulsión de orina, o la dilatación de las pupilas. Pocos consideran, sin
embargo, que otro proceso inconsciente que resulta también fundamental para el
mantenimiento de la vida es el funcionamiento del sistema inmune. Este sistema
se encarga de patrullar y vigilar todo el organismo en busca de posibles
enemigos microbianos que puedan dañarlo, y desempeña esta misión con alta
eficacia, sin que nosotros tengamos que hacer nada voluntariamente para
conseguirlo, claro está.
De hecho, estudios recientes han descubierto
que no solo el funcionamiento general del sistema inmune es inconsciente, sino
que existen ciertos procesos particulares del mismo que aumentan su eficacia y que
igualmente funcionan de manera inconsciente. Entre ellos, un aspecto muy
interesante y misterioso es que los linfocitos T y B, los dos linfocitos más
importantes de las defensas contra virus y bacterias, no circulan en la sangre
en los mismos números de día o de noche.
Los linfocitos T y B no detectan a virus y
bacterias enemigos directamente, sino que estos les tienen que ser presentados
por otras células del sistema inmune, llamadas células presentadoras de
antígenos, las cuales sí están especializadas en su detección directa. Solo
cuando las células presentadoras de antígenos muestran componentes moleculares
de los enemigos que han detectado a los linfocitos T y B estos se activan y ponen
en marcha una serie de asombrosos mecanismos moleculares y celulares para
eliminarlos. Este proceso de presentación de antígenos se lleva a cabo en
lugares del organismo especializados. Estos lugares no son otros que los
ganglios linfáticos, los cuales podemos notar en ocasiones hinchados (en
particular los del cuello) si estamos sufriendo algún tipo de enfermedad
infecciosa. Esta hinchazón se debe a un activo proceso de presentación de
antígenos y de activación de linfocitos en dichos ganglios.
Una vez activados en los ganglios, los
linfocitos los abandonan y salen a la sangre donde se enfrentarán con el enemigo
que les ha sido presentado y lo eliminarán. Por esta razón, el número de
linfocitos en la sangre suele incrementarse en el caso de sufrir algún proceso infeccioso.
Lo que resulta una sorpresa es que, incluso en un estado de perfecta salud, el
número de linfocitos en la sangre fluctúa de manera periódica entre el día y la
noche siguiendo un ritmo circadiano, otro más de los muchos ritmos circadianos
que nuestro organismo obedece de manera inconsciente.
Encuentros en la noche
¿Qué sucede con los linfocitos que se
encuentran en la sangre durante el día, pero no durante la noche?
Investigadores de la Universidad de Osaka, en Japón, estudiaron este tema y
descubrieron que, al menos en los ratones de laboratorio, durante la noche los
linfocitos se acumulan en los ganglios linfáticos en mayores números que
durante el día, cuando sí se encuentran en mayores números en la sangre.
La acumulación de linfocitos en los ganglios
linfáticos durante la noche podía obedecer a que es entonces cuando más eficaz
resulta la presentación de los antígenos captados durante el día. Sin embargo,
esta idea no pareció ser corroborada por los experimentos realizados, ya que
los ratones activaron mejor sus linfocitos si estos eran vacunados contra algún
microorganismo por la noche. Los investigadores se dieron cuenta entonces de
que los ratones, aun los de laboratorio, al ser criaturas nocturnas, van a
encontrarse con enemigos microbianos más probablemente durante la noche, y que
posiblemente es por esa razón por la que más linfocitos se encuentran entonces
en los ganglios linfáticos, en busca de enemigos que les sean presentados.
¿Cómo saben los linfocitos cuándo es de día y
cuándo de noche para acudir o no a los ganglios linfáticos? Los científicos
revelan que lo saben gracias a la acción de la noradrenalina, liberada por las
neuronas que inervan los ganglios linfáticos. La liberación de esta hormona por
estas neuronas del sistema nervioso adrenérgico estimula la retención de los
linfocitos en dichos ganglios. Cuando este neurotransmisor deja de ser liberado
en la misma cantidad durante el día, los linfocitos abandonan los ganglios.
Estos interesantes descubrimientos pueden ser
de utilidad a la hora de administrar vacunas, o cuando necesitamos estimular o
inhibir el sistema inmune de manera controlada, por ejemplo, para evitar el
rechazo de un trasplante. La ciencia no deja nunca de sorprendernos, de día y
de noche.
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