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Una
corta longitud media de los telómeros está asociada con la aparición de
enfermedades propias del envejecimiento
Un tema que me parece interesante es el del envejecimiento
diferencial. Resulta que no todos nuestros órganos parecen envejecer a la misma
velocidad, y algunos, por la razón que sea, envejecen antes que otros.
Evidentemente, nuestra longevidad como individuos depende de la viabilidad de
nuestro órgano vital más envejecido. Cuando este es demasiado viejo para
funcionar correctamente, sobreviene la muerte.
La edad de las células que forman los
diferentes órganos de un organismo, en principio, debería ser la misma, puesto que
todas derivan de una célula primordial: el óvulo fecundado. Sin embargo, cuando
medimos la edad de las células por métodos moleculares, se comprueba que no
todas las células del organismo tienen la misma. Por ejemplo, las células del
sistema inmune pueden contar con una mayor edad molecular, dependiendo de las
infecciones que el organismo haya tenido que vencer.
Una forma de evaluar la edad de las células es
medir la longitud de los telómeros de sus cromosomas. Los telómeros (palabra
derivada del griego que significa “parte al final”) se localizan en los
extremos de los cromosomas y están constituidos por varias repeticiones de las
“letras” TTAGGG. Estas repeticiones son necesarias para mantener la integridad
de los cromosomas, que incluso pueden fusionarse unos con otros si los
telómeros son demasiado cortos.
Debido a cómo se desarrolla el proceso de
replicación del ADN, cuando una célula se reproduce y debe duplicar por ello los
cromosomas, los telómeros se acortan, es decir, reducen el número de sus repeticiones.
De este modo, si medimos la longitud media de los telómeros de una población
celular, podemos estimar la cantidad de divisiones experimentadas por las
células –la cual está relacionada con su edad real– y compararla con la de
otras células del organismo o con la de células del mismo órgano procedentes de
diferentes personas nacidas alrededor de una misma fecha, lo que también nos
dará una idea comparativa de la verdadera edad de las personas, de manera
independiente a la de su fecha de nacimiento.
Acortamiento inquietante
Varios estudios realizados con animales de
laboratorio han revelado que una corta longitud media de los telómeros está
asociada con la aparición de enfermedades propias del envejecimiento. Otros estudios,
realizados esta vez con seres humanos, han revelado igualmente que telómeros
más cortos en los leucocitos del sistema inmune están asociados con un riesgo
un 40% superior de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Investigaciones
recientes han revelado también una asociación entre una corta longitud de los
telómeros y el riesgo de desarrollar diabetes o cáncer. En aún otro estudio,
realizado con 60.000 personas, se ha revelado que la longitud de los telómeros,
determinada a partir de células inmunes contenidas en la saliva, está asociada
con la mortalidad general. Por último, otra investigación reciente realizada
con 80.000 personas, donde se estudia no la longitud de los telómeros
directamente, sino siete genes que participan en el mantenimiento de estas
estructuras, indica que aquellos con variantes génicas que lo afectan negativamente
sufren de una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular, pulmonar y de la
enfermedad de Alzheimer.
Los estudios anteriores indican que diferentes
personas, a pesar de nacer con telómeros de longitud similar, ven la longitud
de los mismos modificada de manera diferente a lo largo de sus vidas. Cabe
preguntarse cuál puede ser la causa. Para encontrarla, algunos investigadores
han estudiado si la longitud de los telómeros a una determinada edad no sería
un rasgo genéticamente determinado. Lo que han encontrado es que, aunque los
genes sí participan en la longitud de estas estructuras, estos no pueden
explicar todas las diferencias.
Si los genes no pueden explicarlo todo, no
queda más remedio que apelar a las condiciones de vida y los avatares de la
misma para intentar encontrar la causa de las diferencias de longitud en los
telómeros entre diferentes personas. De hecho, es ya conocido que sufrir
adversidades puede afectar negativamente la función del sistema inmune y
acelerar su envejecimiento. Por otra parte, es también conocido que niños que
se desarrollan en los entornos más desfavorables ya poseen telómeros un 40% más
cortos que niños que lo hacen en ambientes más favorecidos. Los factores
socioeconómicos parecen ser los que más influencia ejercen en este
acortamiento. Sin embargo, este estudio fue solo realizado con cuarenta niños,
un número insuficiente para extraer conclusiones fiables.
Ahora, investigadores de varias universidades
canadienses y estadounidenses estudian el efecto acumulado de factores negativos
a lo largo de la vida en 4.598 personas jubiladas, las cuales han sufrido
avatares en su vida, pero, evidentemente, no tan graves que les hayan llegado a
causar la muerte. Estas adversidades incluían tanto algunas propias de la
infancia (padres drogadictos, o sin trabajo, o abuso físico, por ejemplo), como
otras propias de la edad adulta, como la muerte de un hijo o de la pareja.
Los investigadores encuentran una relación
clara entre las adversidades de la vida y una menor longitud de los telómeros,
siendo más importantes los efectos de las adversidades sufridas en la infancia.
Cada adversidad de la vida en la infancia afectaba en un 11% a la probabilidad
de tener telómeros más cortos de lo normal, sobre todo si se trataba de una
adversidad afectiva o social.
Así pues, este estudio confirma los estudios
anteriores, en particular el realizado con niños desfavorecidos, e indica que
las adversidades sufridas en la infancia proyectan una larga sombra sobre el
envejecimiento celular a lo largo de la vida. Los niños son el futuro, pero
este depende en gran medida del presente que les proporcionemos.
La ciencia está, aquí, ahondando en una correlación que el sentido común nos lleva mostrando desde hace cientos de años. Curiosos los telómeros, y muy provechoso, para muchos ámbitos de la vida y el saber, que a través de ellos pueda medirse con precisión la edad de las células. Gracias una vez más por el interesante artículo.
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