La revista Skeptical Inquirer (El Inquisidor Escéptico), cuyo objetivo es promover la ciencia y la razón, dedica su último número al tema de la medicina alternativa. Esta publicación bimensual está promovida por el Comité para la Investigación Científica de lo Paranormal y la Pseudociencia (CSICOP), y arroja un ojo crítico sobre muchos de los temas considerados paranormales y sobre los que, en general, existe un nivel de credulidad más elevado de lo que sería deseable.
La creencia en fenómenos extraños puede deberse en gran medida en la confusión que existe entre lo que es ciencia y lo que no lo es. Podríamos definir la ciencia como un conjunto de conocimientos que se han obtenido siguiendo un riguroso método de observación y experimentación. Estos conocimientos están siempre bajo examen y son confirmados o rechazados, prácticamente todos los días en un sitio u otro del mundo, puesto que, como ya he dicho en otra ocasión, el conocimiento es patrimonio de todos.
A pesar de que nunca son definitivos, los conocimientos científicos (en realidad no hay conocimiento que no sea científico), han sido, muchos de ellos, confirmados cientos, miles o millones de veces, por lo que son sólidos y, sobre todo, funcionan. Sabemos que si dejamos caer un objeto pesado, éste no va a flotar. Podemos confirmarlo fácilmente. Otros conocimientos son más complicados de confirmar o refutar, pero el método lógico empleado por la ciencia es el mismo que uno puede emplear todos los días para confirmar o rechazar sus creencias más cotidianas: el agua moja, el aire es un gas, la aspirina alivia el dolor de cabeza...
La ciencia, sin embargo, emplea controles exhaustivos para que la realidad no nos engañe, o para que no nos engañemos nosotros mismos. La razón por la que los cuerpos caen bien podría ser que tienen una tendencia natural a ir hacia el elemento Tierra, que suele encontrarse en el suelo, o porque obedecen un misterioso designio de algún «espíritu de la caída». Que ninguna de éstas es la razón por la que los cuerpos caen ha sido demostrado por la ciencia mediante experimentos rigurosos que han confirmado que los cuerpos caen por la atracción que ejercen las masas entre sí, o, según Einstein, por la deformación del espacio-tiempo causado por cualquier masa, en este caso por el planeta Tierra.
Si alguno creyera que los cuerpos caen porque el elemento Tierra los atrae, o por que el «espíritu de la caída» así lo ordena, no tendría mayor repercusión en su vida, excepto si cayera en las manos de algún psiquiatra, o del líder de alguna secta que adorara al mencionado espíritu. Pero las repercusiones para la vida de este crédulo podrían ser mucho más trágicas si creyera que la mejor manera de curar una infección de oídos es colocarse un calcetín sudado en cada oreja, o acudir a un druida celta para que le instile una poción mágica realizada a base de hervir ancas de rana y pieles de serpiente. Absurdo, ¿verdad?
Y este es, precisamente, el problema con la medicina alternativa. Existe una amplia fauna, y flora de la misma: terapia por contacto, homeopatía, quiropráctica, exorcismo, hierbas medicinales para curar cualquier enfermedad presente o futura... Sería muy tedioso hacer un catálogo exhaustivo de la variedad de creencias sobre la medicina alternativa.
Pero que no se me interprete mal. No pretendo decir aquí que ninguno de los remedios alternativos a la medicina clásica funciona. Es posible que alguno de ellos lo haga. Estudios científicos han demostrado que la acupuntura, por ejemplo, parece ser eficaz para aliviar el dolor, aunque no parece ser eficaz para curar un cáncer de colon, o una infección. Lo que pretendo decir es que la inmensa mayoría de estos supuestos remedios médicos no ha sido sometido al estudio riguroso al que la ciencia somete a la mayoría de los medicamentos que podemos comprar en la farmacia. Y digo a la mayoría, porque, por desgracia, las farmacias también venden medicamentos o compuestos cuya eficacia no ha sido rigurosamente y científicamente demostrada.
Durante mi trabajo por más de ocho años como investigador y revisor de productos biológicos terapéuticos en la Food and Drug Administration la FDA Estadounidense, les puedo asegurar que la batalla era intensa para evitar que las compañías farmacéuticas lanzaran al mercado mundial, a precios muchas veces prohibitivos, productos que, si bien no causaban daño alguno, tampoco servían para curar lo que decían. Los científicos que trabajábamos en ese organismo teníamos que asegurarnos de que las compañías farmacéuticas y biotecnológicas demostraran científicamente la eficacia y seguridad del medicamento que querían vender, lo que requiere de costosos estudios controlados, realizados con un gran número de pacientes en los que se puede comparar el curso de la enfermedad con o sin el medicamento en cuestión. Curiosamente, si esos estudios se llevan a cabo y demuestran que alguno de los métodos alternativos es eficaz, dejará de formar parte de la medicina alternativa para pasar a formar parte de los métodos terapéuticos de la medicina clásica. Esto podría suceder con la acupuntura, pero estudios similares no han sido realizados con otras medicinas alternativas y la variedad de sus métodos, por lo cual no conocemos aún si son eficaces para curar lo que dicen que pretenden curar.
De acuerdo, dirá usted, no se ha demostrado que los métodos de la medicina alternativa funcionen, pero tampoco se ha demostrado que no funcionen, que no sean eficaces. Es verdad, pero este argumento no vale para afirmar, como gustaría a muchos, que, puesto que no se ha demostrado que no funcionan, por consiguiente funcionan. No se ha demostrado que colocarse un calcetín sudado en cada oreja no cure la infección de oído. No se ha demostrado que pintarse cada uña del pie de un color diferente no cure las callosidades de nuestros pies o, por qué no, de los pies de nuestra suegra. No se ha demostrado que hacer un ungüento con aceite de motor y gasolina y aplicárnoslo en la piel no cure la obesidad, mientras seguimos comiendo como una bestia. No se ha demostrado que.... Así podríamos pasarnos la vida, inventando absurdidades médicas. Espero que estos ejemplos sirvan para convencerle de que son quienes afirman que algo cura una enfermedad quienes tienen la obligación de demostrar que así es. Si no, nos vemos atrapados en una absurdidad, aunque aparentemente no lo sea. Pero las apariencias engañan.
Esperemos que, a la hora de buscar remedio a sus males, este artículo le haga reflexionar sobre la conveniencia de utilizar terapias de dudosa eficacia no aceptadas por la medicina científica, la clásica. Ésta, desgraciadamente, no lo puede curar todo, pero cura mucho más que todos los remedios alternativos juntos, tenga la seguridad.
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