La Biología y las Matemáticas no parecen llevarse bien.
Al menos no tan bien como la Química y la Física lo hacen con ella. Esto no se
debe a una particular aversión de los biólogos por las Matemáticas o de los
matemáticos por la Biología, sino a la complejidad de los sistemas biológicos,
muy difícil del reducir a modelos matemáticos. Sin embargo, los avances del
conocimiento en Informática y en Biología han conducido a una interacción entre
Biología, Matemáticas e Informática más intensa. Algunos de los resultados de
esta interacción son muy estimulantes.
Hace ya muchos años que la Informática y
la Biología se han aproximado. Por ejemplo, existe una ya vieja disciplina
informática, denominada Vida Artificial, que pretende simular en el ordenador
los sistemas biológicos. Se han logrado simular muchas interesantes propiedades
de estos sistemas, incluido el propio origen de la vida, es decir, el
nacimiento y evolución de entidades autorreplicantes a partir de una “sopa
primordial”. Otros programas simulan el funcionamiento de redes neuronales, aspectos
de la embriogénesis, etc. La vida artificial no solo posee un interés
académico, sino que sus aplicaciones son numerosas en muchos aspectos de la Informática
y de la tecnología, como la Inteligencia Artificial y la Robótica.
Al margen de la fascinación de poder
simular en un ordenador algunos aspectos de la complejidad de lo viviente, la
importancia de esta disciplina es su capacidad de experimentación virtual y
también su poder de predicción. No podemos diseñar un experimento real sobre la
evolución de las especies, porque duraría millones de años, pero podemos
hacerlo en un ordenador. Los resultados de estos experimentos de simulación
permiten extraer concusiones o formular hipótesis sobre el funcionamiento de
los sistemas vivos que de otra manera hubieran sido imposibles. Tan fascinante
es este tema que hace años se demostró que en un universo de vida artificial,
formado por los denominados autómatas celulares, podrían construirse
ordenadores capaces, a su vez, de simular el propio sistema que los había
creado. Algo parecido a la situación que empezamos a vivir, en la que
teóricamente ya somos capaces de reproducir artificialmente el genoma que nos
ha creado. ¿Será nuestra realidad una entidad simulada en un ordenador?
Pero dejemos la Filosofía Artificial (¿Acabo
de inventar una nueva disciplina? ¿Por qué no?), y limitémonos a la simulación
informática. Donde los ordenadores y las Matemáticas tienen que echar una mano
a los biólogos moleculares es, sin duda, en la comprensión de las redes
genéticas. Ahora que conocemos, o en breve conoceremos, todos los genes de nuestro
genoma, se hace imperativo avanzar en la comprensión de las interacciones de
unos genes con otros. A estas interacciones es a lo que se ha llamado redes
genéticas. Ayudándonos de la analogía con un motor, en este las piezas
interaccionan unas con otras, generando lo que podríamos llamar redes
mecánicas, o electromecánicas. De la misma manera que un motor está formado por
dispositivos que funcionan independientemente unos de otros, pero que se
integran formando un todo, los biólogos confían en que lo mismo sucede con los
genes. Estos, se cree, interaccionan en subgrupos originando así los diversos
mecanismos que forman la célula y el organismo. Tenemos la esperanza de que
estos mecanismos individuales podrán ser estudiados separadamente unos de otros,
lo que facilitará enormemente la comprensión del funcionamiento de lo viviente,
que de otra manera sería imposible. Para comprender la enormidad de la tarea,
valga mencionar que, si es verdad lo que leí en alguna parte, nadie conoce en
profundidad todos los mecanismos necesarios para el funcionamiento de un Boeing
767. En otras palabras, el ser humano ha sido capaz de fabricar un artefacto
que nadie, individualmente, comprende en su totalidad. Sin embargo muchos
individuos por separado han sido capaces, no solo de comprender, sino de
diseñar los mecanismos e integrarlos para formar el avión completo. De manera
similar, se pretende atacar el problema de comprender, y quizás recrear, los
mecanismos de lo viviente, si es que estos, como parece, están formados por
mecanismos más sencillos integrados unos con otros.
Un primer resultado esperanzador, que
indica que es, en efecto, así como están formados y funcionan los seres vivos,
apareció publicado hace unas semanas en la revista Nature. El Dr. von Dawson y sus colegas de la Universidad de
Washington, en la ciudad de Seattle, publicaron la simulación en un ordenador
de una red genética que controla la formación de los segmentos del embrión de
la mosca del vinagre, Drosophila
melanogaster. Para conseguirlo, los investigadores analizaron los datos
experimentales acumulados hasta la fecha sobre el control de la segmentación
del embrión de este simpático insecto, muy estudiado por los biólogos
moleculares. Sin embargo, en un primer intento, no fueron capaces de simular el
patrón de segmentos observado en el embrión de la mosca. Haciendo uso de la
intuición científica, (particularidad humana que algún día los ordenadores
también nos ayudarán a comprender, aunque nos pese) los investigadores se
dieron cuenta de que los biólogos moleculares, que trabajaban cada uno por
separado en un gen particular de la red genética, podían no haber identificado
correctamente todos los componentes de esa red. Así, el Dr. von Dawson y sus
colaboradores añadieron nuevas piezas lógicas a su red y volvieron a simular su
funcionamiento. Esta vez lo consiguieron. Su modelo simulada bien el patrón de
segmentos embrionario y contaba de 136 ecuaciones diferenciales y 50
parámetros.
Este trabajo, de una enorme complejidad,
nos comunica un mensaje esperanzador por varias razones. En primer lugar, es
posible simular el funcionamiento de redes genéticas en un ordenador. Esto
sugiere que, en efecto, estas redes genéticas que integran mecanismos
biológicos individuales existen y podrán ser descubiertas analizadas y
simuladas en el futuro. Por otra parte, añade un factor muy importante: el
poder de predicción. La Física se ha caracterizado por esta particularidad, no
así la Biología. Muchos modelos físicos predecían la existencia de fenómenos o
partículas que después fueron comprobados experimentalmente. La Biología se
adentra ahora también por ese camino. Los investigadores, analizando el modelo
genético que se creía correcto hasta la fecha, descubrieron que no estaba
completo y predijeron la necesidad de “piezas” adicionales que, una vez
incorporadas, lo hicieron funcionar. Los científicos experimentales pueden
ahora dirigir su atención hacia esas “piezas” y comprobar si, en efecto, forman
también parte de la red genética y cómo se integran en ella. No hay duda de
que, avanzando por este nuevo camino, la Biología, y también la Medicina, nos
depararán agradables sorpresas.
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