lunes 4 de febrero de 2008

Más caras de identidad


Pocos somos normalmente conscientes de la importancia que para nuestra vida reviste el correcto reconocimiento de los rostros de nuestros congéneres. Cada día examinamos decenas de rostros y los clasificamos como conocidos o desconocidos. Sin embargo, nuestra vida quedaría muy seriamente afectada si perdiéramos la capacidad de reconocer a los demás.
Pensarás que no parece posible, en buena lógica, que algo así pueda sucederle a nadie. Es imposible que, de repente, uno pierda la capacidad de reconocer los rostros de sus familiares y amigos, y horror de los horrores, los rostros de sus enemigos. Pensarás que esta historia está, seguramente, inspirada de alguna mala novela de terror psicológico.
Y bien, desgraciadamente no es así. La historia se relata en numerosos libros de neurología. La incapacidad de reconocer los rostros tiene hasta un nombre, prosopagnosia, y esta condición puede sobrevenirnos como resultado de un daño cerebral causado, por ejemplo, por un tumor o por un accidente de circulación, bien sanguínea, bien de carretera.
Los pacientes de prosopagnosia han resultado de ayuda a los científicos para identificar las zonas de nuestros cerebros involucradas en la importante tarea de reconocer los rostros. Estudiando las lesiones del cerebro de estos pacientes, y comparando su actividad con los cerebros normales, se ha descubierto que el reconocimiento de los rostros es una actividad cognitiva que implica a numerosas áreas del cerebro.
Necesitamos por tanto de gran parte de nuestro cerebro para realizar un proceso que a la mayoría nos parece facilísimo, natural, y automático. Quizá sea precisamente por la participación de numerosas regiones de nuestro cerebro por lo que la tarea nos resulta tan fácil y vamos tan “sobrados” al realizarla. Somos así capaces de realizar proezas como identificar en fracciones de segundo rostros en fotografías o pinturas, lo que es muy reciente en nuestra historia evolutiva. Nuestro cerebro no solo identifica rápidamente rostros tridimensionales, lo que es natural, sino también rostros en dos dimensiones, lo que no lo es tanto.
Quizá por la importancia que supone el correcto reconocimiento de los rostros, y la identificación de quien es amigo o enemigo, hombre o mujer, joven o viejo, sano o enfermo…, la identificación, en suma, de quien pertenece a nuestra tribu y su posición en ella, nuestros cerebros han evolucionado para realizar fácilmente esta tarea. En esto somos inmensamente superiores a los ordenadores, los cuales están aún muy lejos de nuestras capacidades cognitivas en este área, aunque nos ganen al ajedrez y a otros juegos de inteligencia.
Sin embargo, esto puede cambiar en breve, gracias, claro, a la imaginación de los científicos e informáticos, quienes, al fin y al cabo, son quienes fabrican y programan los ordenadores, que creemos tan listos. Un nuevo y sencillo avance, realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Glasgow, en el Reino Unido, y publicado en la revista Science, puede ayudar a los ordenadores más sencillos a reconocer los rostros humanos con casi la misma exactitud que lo harían sus dueños. Vamos a intentar explicar aquí en qué consiste este avance, que puede tener un enorme impacto en la seguridad ciudadana, en general, y en la rapidez de facturación y control de pasaportes en los aeropuertos, en particular.
Algunos investigadores han desarrollado ya programas capaces de reconocer rostros a partir de fotografías. Los programas intentan reproducir la manera en que se cree que los humanos llevamos a cabo el reconocimiento de los rostros. Éste implica el análisis de las características más importantes de los mismos, como la forma de las orejas, de la frente, o la distancia entre los ojos, por ejemplo, y el almacenamiento de estas características en una “base de datos” de nuestra memoria. Estas características son comparadas con las extraídas del análisis de los rostros de quienes nos encontramos cotidianamente y, si coinciden, identificamos ese rostro particular con el que tenemos en la memoria.
Un sistema que intenta emular este proceso es utilizado por una página Web en Internet que contiene una base de datos de fotografías de personajes famosos. Todos podemos enviar nuestra foto a este sitio de Internet (http://www.myheritage.com) para averiguar a qué famoso de la base de datos nos parecemos más. Yo no me he atrevido a hacerlo aún, pero tú verás si decides correr el riesgo.
Si enviamos una foto cualquiera de un personaje de la base de datos, el sistema, que contiene nueve fotos distintas de 3,628 famosos y famosas, solo reconoce correctamente la foto un 54% de las veces. Esto es un resultado muy mediocre, con escasa utilidad práctica.
Pero aquí entra la inteligencia e ingeniosidad de los investigadores. Estos se dijeron que una foto particular de una persona es difícil de identificar por el sistema porque es una foto única, particular, que no contiene todas las características del rostro al que corresponde. Para eliminar esta dificultad, bastaría con mezclar varias fotos de ese personaje, tomadas en distintos días, incluso en distintos años, y en distintas condiciones.
Los investigadores utilizaron otro programa de ordenador para llevar a cabo el mezclado de varias fotos particulares de un famoso en una foto general, una foto que resulta así la “media” de las fotos individuales. Esta “foto-mezcla” no corresponde a ninguna foto real, pero contiene resaltadas las características comunes del rostro que se encuentran en las fotos individuales utilizadas para obtener la mezcla. Por el contrario, los detalles individuales que aparecen pocas veces en cada foto son “diluidos” al hacer esta mezcla.
Y bien, enviando estas fotos-mezcla a esa página Web, sobre la que los investigadores no tenían ningún control, los científicos consiguieron que fueran reconocidas el 100% de las veces. Es decir, el sistema no era muy bueno en reconocer fotos individuales, pero excelente en reconocer una foto resultado de la mezcla de unas cuantas.
Es todavía prematuro afirmar que este simple mezclado de fotos individuales proporciona siempre un 100% de fiabilidad en el reconocimiento de los rostros por un ordenador. Pero de confirmarse estos estudios, y cuando se determine qué características deben poseer las fotos individuales para conseguir una mezcla perfecta, es posible que nuestros pasaportes o carnés ya no incluyan una foto particular, sino una foto-mezcla de diez, veinte o treinta de nuestras fotos. Bastará entonces con introducir el pasaporte o carné de identidad por una ranura o un escáner para que un ordenador nos identifique de manera automática e infalible, lo que sin duda acelerará algunos procedimientos penosos, al menos en los aeropuertos. Confiemos en que esta nueva tecnología sea eficaz y se implante pronto.

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