
Como ya he mencionado en algunas ocasiones, uno de los problemas con que se enfrenta la medicina moderna es paliar los efectos secundarios de sus éxitos en el control de las enfermedades infecciosas. Me explico. El uso de antibióticos ha conseguido controlar y ayudar a curar numerosas enfermedades infecciosas. Sin embargo, las bacterias han evolucionado rápidamente y se han convertido en resistentes a muchos de esos antibióticos. Si resultamos infectados por una de esas bacterias, quizá porque nos encontremos inmunodeprimidos (bajos de defensas) por alguna razón, nuestra vida puede correr serio peligro.
Una de las bacterias más peligrosas es la conocida con el nombre de estafilococo áureo, que puede causar infecciones de la piel, de los tejidos blandos, neumonía e incluso infecciones de la sangre que resultan a menudo mortales. Estirpes resistentes a los antibióticos aparecieron por primera vez en 1961, y desde entonces hasta hoy han surgido estirpes más y más resistentes a más y más antibióticos. En parte por esta razón, y también porque puede sobrevivir sobre superficies secas por largo tiempo, el estafilococo áureo es responsable de buena parte de las llamadas infecciones nosocomiales, es decir, las que suceden en hospitales.
Evidentemente, los enfermos ingresados en hospitales son más susceptibles a las infecciones que las personas sanas. Esto es así por varias razones, como que pueden sufrir de heridas abiertas por accidentes u operaciones quirúrgicas, se les han abierto vías intravenosas para introducirles fármacos o alimentos en sangre, y pueden, además, estar inmunodeprimidos. Obviamente, los hospitales ingresan a enfermos infecciosos, algunos de los cuales lo son por estafilococo, lo que incrementa el riesgo de infecciones a los otros pacientes que se encuentran en una situación de mayor riesgo.
El estafilococo áureo posee dos características que lo hacen particularmente peligroso. La primera de ellas es que a pesar de que puede ser vencido por el uso de nuevos antibióticos o de antibióticos para los que una cepa particular de esta bacteria no es aún resistente, muchas veces los enfermos aparentemente curados vuelven a recaer y son muy comunes las infecciones recurrentes que aparecen varios meses o incluso años más tarde.
La otra característica tiene que ver más con su capacidad de infectar a otras personas que de perdurar en una, y se ha observado recientemente que determinadas variantes de esta bacteria, las denominadas estirpes comunitarias resistentes a la meticilina, han aumentado su infectividad y ahora causan enfermedades también en individuos sanos, no solo en enfermos de los hospitales. Esto está causando cierta preocupación en los responsables de la salud pública.
Muy bien pero, formulemos la pregunta científica: ¿por qué? ¿Qué genes o moléculas hacen posible las capacidades de esta bacteria? Si lo averiguamos, quizá podamos impedir su contagio, o la aparición de infecciones recurrentes.
Investigando estas dos cuestiones los científicos han desvelado asombrosas capacidades de este microorganismo que abren nuevas e interesantes posibilidades terapéuticas, y que al mismo tiempo nos siguen hablando de las maravillas de la Naturaleza en la lucha para la supervivencia.
El primero de estos descubrimientos es el que explica el por qué de las repeticiones recurrentes de las infecciones con esta bacteria, incluso tras un tratamiento aparentemente exitoso con antibióticos. Los científicos han descubierto que el estafilococo áureo tiene la capacidad de refugiarse tanto del sistema inmune como de los antibióticos nada menos que en el interior de las células, donde ni unos ni otros consiguen llegar eficazmente. Esta capacidad explica por qué un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial desarrolló en los años 80 infecciones de estafilococo áureo causadas por una variante idéntica a otra de hacía cuarenta años y que no era resistente ni siquiera a la penicilina, como es natural para una cepa tan antigua. La bacteria estuvo refugiada, dormida, en el interior de sus células hasta que por razones aún desconocidas, se despertó y causó nuevas infecciones.
Los científicos han descubierto que los estafilococos áureos utilizan unas proteínas específicas de su superficie para fijarse a las células y permitir que éstas las engloben. En presencia de antibióticos, son las bacterias que se introducen en las células las que más fácilmente sobreviven. Una vez dentro de la célula, la bacteria entra en una fase durmiente y permite que la célula protectora siga viviendo. Sin embargo, por razones aún desconocidas, pero sospecho que quizá relacionadas con la integridad y la salud de la célula que lo alberga, el estafilococo puede despertarse, matar a la célula, salir al exterior y recomenzar un nuevo ciclo de infección, cuando el antibiótico ha desaparecido ya de su entorno.
Respecto al incremento de su capacidad infecciosa, los descubrimientos no son menos extraordinarios, ni menos alarmantes. Resulta que una de las barreras contra la infección más importantes y fundamentales es nuestra inmunidad innata. Es ésta un tipo de inmunidad que interviene inmediatamente que se detecta la amenaza de cualquier tipo de agente infeccioso que pretenda introducirse en nuestro cuerpo. Esta inmunidad la ejercen tipos especiales de células de nuestro sistema inmune que son capaces de detectar varias de las sustancias o moléculas comunes a muchos tipos de bacteria o microorganismos.
Pues bien, las estirpes de estafilococos áureos más infecciosas producen un tipo especial de toxinas que atacan a los neutrófilos, unas de las células más importantes de nuestra inmunidad innata. En solo cinco minutos, pequeñas cantidades de esas moléculas son capaces de matarlos. Esto significa que la inmunidad innata deja de ser operativa, y sin ella, la bacteria tiene muchas más posibilidades de establecer un foco infeccioso desde el que diseminarse a otras partes del organismo.
Como suele suceder, aunque preocupantes, estos nuevos conocimientos nos permiten ahora considerar posibles estrategias terapéuticas que intenten neutralizar estos mecanismos de supervivencia. No hace falta ser un genio ahora para darse cuenta de que si somos capaces de impedir que el estafilococo se introduzca en las células, lo haremos más sensible a la acción de los antibióticos y del sistema inmune. Fármacos encaminados a bloquear las proteínas que lo fijan a la superficie de las células que lo engloban podrían ser eficaces para este fin.
Por otra parte, si impedimos el efecto de las toxinas que atacan a los neutrófilos, quizá mediante nuevas vacunas que produzcan anticuerpos contra ellas, o mediante fármacos que impidan su producción por la bacteria, evitaremos así que ataque nuestra inmunidad innata, la primera barrera, y una barrera además indispensable, contra su infección. Esperemos que, apoyados en estos conocimientos, los investigadores y las compañías farmacéuticas desarrollen nuevos medicamentos que estén listos cuando nosotros, o nuestros seres queridos, los podamos necesitar.

1 comentarios:
Investigar nuevas terapias y fármacos está muy bien, por el valor innato de l conocimiento y para las empresas que desarrollen estos productos, con los que ganaran unos cuantos euros.
Pero tampoco estaría mal, que algún día un político entienda el peligro que suponen los antibióticos mal administrados y ponga los medios para que se usen adecuadamente.
Saludos y enhorabuena por el blog.
Chobal
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