lunes 3 de septiembre de 2007

Religión, Medicina y Ciudadanía


Se acerca el comienzo del curso escolar y, por tanto, el momento en el que muchos de nuestros hijos comenzarán a estar expuestos a las ideas contenidas en la asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Desde las filas de los obispados, arzobispados, y papados, se ha advertido, entre otras cosas, de los deletéreos efectos que para la sociedad tendrá la educación ética y moral de los niños fuera de los valores cristianos. Aunque está bien avisar de los posibles peligros que nos acechan, esto no deja de ser una opinión para la cual no existen evidencias científicas, ya que no podemos comparar todavía el comportamiento y valores de los niños sistemáticamente educados bajo una moral laica con los de los educados bajo la moral religiosa. Simplemente carecemos de población para realizar este estudio, puesto que lo último no ha sucedido aún en nuestro país.

Sin embargo, sí convendría analizar si existen evidencias científicas que sustenten la idea de que aquellos ateos, agnósticos, y demás “laicos demoniacos” se comportan de manera socialmente menos válida que quienes creen en Dios y siguen su palabra. Y mejor aún sería analizar si el comportamiento y los valores de aquellos que ejercen profesiones cuyo fin es ayudar a los demás, como por ejemplo el ejercicio de la Medicina, se ven influidos por su creencia, o ausencia de creencia, en la divinidad.

El ejercicio de la Medicina es, precisamente, un objeto de estudio ideal para estos fines. Desde los tiempos de Hipócrates, la Medicina se ha guiado por valores éticos incuestionables, muchos de los cuales son prácticamente los mismos que algunos de los valores cristianos y de otras religiones mayoritarias. Entre ellos, la recomendación, o mandato ético, de ayudar al necesitado. De hecho, los principales milagros de Cristo tuvieron que ver con la sanación.

En países que cuentan con un servicio universal de salud, como el nuestro, en principio, todos somos atendidos cuando lo necesitamos: el sistema cubre los gastos. Pero ¿qué sucede en otros países en los que es necesario adquirir un seguro privado de enfermedad, o pagar la consulta médica? ¿Son los más necesitados, quienes no pueden pagar la atención sanitaria, atendidos por los médicos de acuerdo a los valores éticos de su profesión? Y, sobre todo, ¿son los médicos más religiosos quienes, como sería de esperar, más y mejor atienden a los necesitados, de acuerdo con lo mantenido por la moral religiosa? Este asunto es el que se propusieron estudiar un grupo de médicos de la Facultad de Medicina de Chicago, dirigidos por el Dr. Marshal Chin. Los resultados se publican en el número de agosto de la revista Annals of Family Medicine.

Para comenzar, los autores documentan el hecho de que la mayoría de los médicos posee razones poderosas para no atender a los pobres. Los que, en EE.UU., eligen ejercer la Medicina en ciudades o barrios desfavorecidos, entre otras dificultades, pierden oportunidades académicas, prestigio profesional, tiempo libre, y además deben aceptar salarios más reducidos. Por otra parte, tienen menor influencia sobre su entorno profesional (menores recursos) y mayor carga burocrática.

A pesar de estos problemas, muchos médicos eligen ejercer en lugares desfavorecidos. Las razones que les impulsan a ello son en su mayoría vocacionales e incluyen marcar una diferencia en la sociedad, ejercer un impacto positivo en la vida de pacientes marginalizados, y, muy importante, vivir de acuerdo con los valores, esperanzas y aspiraciones que les motivaron a prepararse para ejercer la Medicina. ¿Son éstos médicos vocacionales los más religiosos?

Para evitar en lo posible sesgos en los resultados, los investigadores realizaron su estudio con nada menos que una muestra de dos mil médicos de todas las especialidades, que ejercen en todos los Estados Unidos. Los autores determinaron primero la llamada “religiosidad intrínseca” de los médicos, de acuerdo a una escala validada, que se basa en el grado de acuerdo que las personas muestran a las siguientes frases: 1. Intento llevar mis creencias religiosas a todos los aspectos de mi vida. 2. La manera en que vivo mi vida se basa en mi religión. Además, los autores también determinaron la “religiosidad participativa”, de acuerdo a la frecuencia con la que los médicos asistían a un servicio religioso de su confesión. Los autores determinaron igualmente el grado en que cada participante se consideraba una persona “espiritual”, lo que no debe confundirse con la pertenencia a una confesión religiosa determinada.

Los resultados indican que la pertenencia a una religión influye negativamente en la extensión en que los médicos atienden a los más necesitados. Los médicos que más frecuentemente ejercen en zonas desfavorecidas incluyen aquellos que dicen considerarse personas “espirituales” (no necesariamente religiosas, ni mucho menos cristianas). También se encuentran en este grupo aquellos que contestaron que sus creencias religiosas influyeron en el momento de su elección de la práctica de la Medicina, aquellos educados en familias, religiosas o no, que valoraban ayudar a los necesitados, pero también, sorprendentemente, aquellos sin afiliación religiosa particular (ateos o agnósticos), que de hecho ¡eran los más numerosos en ejercer en zonas necesitadas! Al contrario, los médicos más religiosos, definidos de acuerdo a los criterios explicados arriba, no ejercían en zonas desfavorecidas con mayor frecuencia que los grupos anteriores. De hecho, los datos indican que aquellos que asisten con más frecuencia a los servicios religiosos son los que menos ejercen la Medicina en zonas desfavorecidas.

Así pues, las creencias religiosas no están asociadas, en el ejercicio de la Medicina, con una dedicación a los pobres y necesitados superior a la que se puede observar en los profesionales sin afiliación religiosa concreta, incluidos los que se consideran “espirituales”, pero también los que se consideran ateos o no religiosos. En conclusión, los resultados de este estudio indican que la “espiritualidad” y la educación en valores de ayuda a los demás, sea ésta religiosa o laica, es más importante que la pertenencia a una determinada religión. El estudio aporta evidencia científica en contra de la opinión catastrofista de que fuera de la religión no pueden desarrollarse valores éticos ni sociales adecuados. El estudio sugiere que la no pertenencia a una religión concreta, en particular a la católica, no afecta al desarrollo de los valores morales que motivan a las personas a ejercer una profesión dedicada a los demás, como la Medicina y, además, a hacerlo para favorecer a quienes más lo necesitan.

No es de temer, pues, que la educación en valores fuera de la religión, pero dentro de la racionalidad, como pretende hacerlo la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, cause perjuicio social y moral alguno, como mantienen tan catastrofistamente, y sin evidencia alguna, ciertas pretendidas autoridades morales y religiosas. Más bien al contrario, esta educación en valores será probablemente socialmente beneficiosa.

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