
Aunque en estas páginas suelo insistir en que nada escapa a la influencia de los genes, sé que muchos siguen sin hacerme caso. Lo comprendo. Es demasiado duro pensar que, en el fondo, no somos más que el resultado del funcionamiento ciego de moléculas y de mecanismos que nos han construido a lo largo de la evolución.
Además, seguro que algunas cosas no están en absoluto bajo la influencia de los genes. Por ejemplo, la emoción que me suscita el olor de unas gambas a la plancha, o el sentimiento que revivo al recordar un acontecimiento aciago no pueden depender de los genes, ¿verdad?
Desengáñese usted, ni siquiera esas sensaciones y sus recuerdos asociados están exentos de la influencia de los genes. Pero note que digo influencia, y no determinación. Es decir, los genes influyen, pero, en general, no determinan, aunque en el caso de algunas enfermedades, poseer cierta variante de un gen puede, en efecto, determinar la aparición segura de la enfermedad. En el caso de los recuerdos, de esos recuerdos recogidos con el esfuerzo de las vivencias íntimas, aunque nos gustaría que los genes no tuvieran nada que decir, un reciente estudio demuestra lo contrario.
Por más de diez años, los neurocientíficos han conocido que los circuitos cerebrales ligados a las emociones están muy influidos por el neutotransmisor norepinefrina. Esta hormona es similar a la adrenalina (también llamada epinefrina) y es parte de la respuesta fisiológica ante acontecimientos peligrosos, en los que debemos prepararnos para huir o para luchar. Niveles elevados de norepinefrina están asociados con la capacidad de recordar acontecimientos de alta carga emotiva. Por supuesto, esta capacidad varía de persona a persona ya que no todos poseemos niveles similares de esta hormona.
Por esta razón, los investigadores supusieron que quizá alguna variante de algún gen involucrado en el metabolismo, la producción, o la acción de la norepinefrina pudiera tener un efecto en la capacidad de recordar dichos acontecimientos. Unos de los genes candidatos no era otro que el gen que produce una proteína receptora para esta hormona, el llamado ADRA2B. Este gen es además interesante porque se presenta en forma de dos variantes, a una de las cuales le falta un pequeño fragmento, lo que se traduce en la producción de una proteína receptora algo más corta.
Para estudiar el posible efecto de este gen en la memoria, investigadores suizos, alemanes y ugandeses de varias universidades reclutaron a cuatrocientos cincuenta voluntarios normales y a doscientos supervivientes de las masacres de la guerra civil de Ruanda. Evidentemente, era necesario comparar la capacidad de recordar acontecimientos de alta carga emocional entre individuos que los habían sufrido y los que no, para eliminar en lo posible el efecto de la experiencia previa sobre la capacidad de este tipo de recuerdos.
A todos los participantes en el estudio se les realizó un análisis genético para determinar el tipo de gen ADRA2B que poseían. Tras clasificarlos de esta manera entre los poseedores de la variante larga y de la variante corta, se mostró a los sujetos una serie de fotografías que variaban en la emotividad de las escenas que contenían (objetos neutros, escenas felices o accidentes mortales, por ejemplo). Se pidió a los sujetos que clasificaran las fotos en emocionalmente positivas, negativas, o neutras, y que otorgaran una puntuación de uno a diez a la intensidad de la emoción que la vista de la foto le suscitaba.
Tras realizar este ejercicio, diez minutos más tarde se solicitó a los sujetos que describieran las escenas de las fotos que habían visto. Esto tenía por objeto, claro está, comprobar la capacidad memorística de estos individuos en relación con las fotos mostradas.
Los dos grupos genéticos, es decir, tanto los poseedores de la variante larga como los de la corta del gen ADRA2B, tuvieron similar éxito en recordar las fotos emotivamente neutras. Sin embargo, para las fotos con carga emocional, los poseedores de la variante corta del gen ADRA2B recordaron estas escenas con un 34% más de éxito que los poseedores de la variante larga.
Este aumento de la capacidad para recordar acontecimientos con carga emocional en los portadores de la variante corta del gen ADRA2B se corresponde con el hecho de que un mayor número de refugiados ruandeses de la guerra civil de 1994 que siguen traumatizados por los recuerdos de este acontecimiento son portadores de esta variante. Los portadores de la variante larga parecen estar más protegidos de los efectos emocionales de los traumas vividos en esa guerra.
Sin embargo, no todo es negativo. Los resultados de este estudio también indican que los portadores de la variante corta pueden recordar mejor también los acontecimientos con carga emocional positiva. En suma, estos individuos poseen una personalidad algo más predispuesta a los recuerdos que significan emocionalmente algo en sus vidas.
¿Cómo ejerce este gen sus efectos sobre la memoria? Todos los detalles tardarán en conocerse, pero recuerde usted que los niveles de norepinefrina están ligados al funcionamiento de los circuitos emocionales del cerebro. El receptor ADRAB2 detecta la presencia de norepinefrina y envía una señal para interrumpir su producción cuando esta hormona alcanza determinados niveles. La variante corta de este receptor funciona algo peor que la larga, por lo que los niveles de norepinefrina en los portadores de la variante corta son más elevados, y por tanto, el funcionamiento de los circuitos cerebrales ligados a la emoción, más elevado. Esto puede facilitar la fijación en la memoria de hechos emocionalmente más intensos.
Este mecanismo ha tenido su valor de supervivencia en el pasado, al facilitarnos recordar, y evitar, el lugar donde se encontraba, por ejemplo, el tigre cuando mató a nuestro abuelo, lo que evidentemente produjo una intensa emoción. Hoy, el conocimiento del papel de estos genes y de la norepinefrina en el recuerdo de acontecimientos emotivos puede ayudar a desarrollar nuevos fármacos y estrategias encaminadas a potenciar los buenos recuerdos y a eliminar los malos, incluidos los traumáticos. En suma, puede ayudar a muchos a disfrutar de mejor salud mental, que en los tiempos que corren, falta nos hace.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada