Existen numerosas conexiones curiosas, causas y efectos insospechados, en el desarrollo y devenir de la historia de la humanidad. Una de estas comienza en la conquista de América y, por el momento, termina en la secuenciación del genoma del microorganismo causante del mildiu de la patata, publicada hace unos días por la revista Nature.
Estudios genéticos han establecido sin lugar a dudas que la patata proviene del Perú, aunque el 99% de las patatas que hoy cultivamos y consumimos son descendientes de una variedad derivada de la anterior y originaria del centro y sur de Chile, que ya se cultivaba hace 10.000 años.
Tras el descubrimiento de América por nuestros ancestros españoles, la patata fue introducida en Europa en 1536. Desde este continente, se expandió por el resto del planeta y hoy constituye la cuarta cosecha del mundo en volumen, solo superada por el arroz, el trigo y el maíz.
Una vez establecida en Europa, la patata se convirtió en un cultivo mayoritario, cuyas cosechas anuales eran importantes para la alimentación de las poblaciones de diversos países. Pero fue en Irlanda donde, hacia el principio del siglo XIX, la dependencia de la patata alcanzó los mayores niveles de Europa, ya que un tercio de la población de este país era enteramente dependiente de la cosecha de patatas para su alimentación.
La patata y la historia de Irlanda
La razón de esta dependencia se encuentra no en que los irlandeses encontraran el sabor de la patata irresistible, sino en factores políticos e históricos. Desde 1801 (y hasta 1921) Irlanda fue gobernada por el Reino Unido. Como consecuencia, las mejores tierras de cultivo irlandesas se dedicaron a pastos para la cría de ganado vacuno, que, dada la tradicional ecuanimidad y justicia inglesas con quienes eran “gobernados”, era consumido en Inglaterra. Las tierras que quedaban no eran lo suficientemente ricas como para cultivar cosechas que no fueran patatas, las cuales no requieren tierras de alta calidad, lo que condujo a la dependencia de este cultivo para alimentar a la población irlandesa más empobrecida por el “desinteresado” gobierno británico.
La pobre población irlandesa tenía otro problema que desconocía, pero que hoy sabemos gracias a la ciencia: la escasa diversidad genética de las patatas europeas, que provenían solo de unas pocas variedades traídas de América. Esta escasa diversidad genética convertía a las patatas europeas en especialmente sensibles a ciertas enfermedades. Era solo cuestión de tiempo que se declarara una epidemia de alguna de ellas.
Y la tragedia, sobre todo para Irlanda, se produjo en 1845 y duró hasta 1852. Durante esos años, los cultivos de patata fueron atacados por el microorganismo que causa el mildiu, y que ataca las hojas y tubérculos afectando gravemente, o matando la planta. Se estima que la epidemia de mildiu de la patata causó una hambruna que acabó con las vidas de más de un millón de personas, solo en Irlanda. La hambruna también causó una emigración masiva de irlandeses a otros países, en particular a Estados Unidos, que originó una reducción de la población de entre un 20 y un 25%. Nunca la patata tuvo tanto poder de destrucción masivo.
La patata y la familia Kennedy
Pero la historia no acaba aquí. Uno de los emigrantes irlandeses a los Estados Unidos no era otro que Patrick Kennedy (1823-1858), bisabuelo de John F Kennedy, el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, trágicamente asesinado en 1963. Por diversas circunstancias, tanto políticas como familiares y económicas, Patrick Kennedy se vio obligado a emigrar a la edad de 26 años al Nuevo Mundo, donde fundó uno de los clanes familiares más influyentes en la historia de Estados Unidos y del mundo.
La influencia de la familia Kennedy en la historia no se limita al aspecto político o al económico, sino también al científico y tecnológico. El desafío planteado por John F. Kennedy de llevar a un hombre a la Luna y traerlo de regreso sano y seguro a la Tierra espoleó la investigación científica en aquel país y en el mundo, y aumentó la confianza de la humanidad en sus capacidades tecnológicas y científicas.
En parte por esta razón, los avances científicos y tecnológicos de la década de los 60 no se limitaron al campo de la astronomía o la astronáutica, sino que se extendieron también a otras áreas de la ciencia, como la biología molecular. En aquellos años se descubrió el código genético por los científicos Khorana, Holley, y Niremberg, quienes recibieron el premio Nobel por este trabajo en 1968. Estos estudios sentaron las bases para la investigación en las técnicas de secuenciación del ADN, la primera de las cuales fue inventada en 1975 por el científico Frederick Sanger (nacido en 1918) quien ya había sido el primero en determinar la secuencia de aminoácidos de una proteína, por lo que había recibido el premio Nobel de química en 1958. Su invención de la técnica de secuenciación del ADN le valió un segundo premio Nobel de química en 1980. A la edad de 91 años, Frederick Sanger es hoy el único científico vivo que ha ganado dos premios Nobel.
Las nuevas técnicas de secuenciación genómica han permitido secuenciar los genomas de varias especies de microorganismos, animales y plantas. El ultimo de los secuenciados es, como hemos dicho arriba, el genoma del microorganismo causante del mildiu de la patata. Esto ha permitido descubrir que este microorganismo posee un genoma extraordinariamente dinámico, con numerosas secuencias móviles (transposones) que el microorganismo utiliza para reproducirse mejor y luchar contra la resistencia natural que la patata y otras plantes desarrollan contra él. El genoma del mildiu de la patata permitirá tal vez un día desarrollar agentes que limiten o impidan su crecimiento y ya jamás vuelva a producirse una hambruna de la patata, lo que aún hoy podría volver a suceder.









